lunes, 25 de noviembre de 2013

Poema al padre

Benoit Paille

De pronto te imaginé
de niño en aquella casa, habitaciones oscuras
y cálida chimenea con el hombre enfrente
callado. Te movías a través del grávido aire
con tu corpórea belleza, un chico de siete años,
indefenso, avispado, hubo cosas que el hombre
hizo cerca de ti, era tu padre,
el molde con el que fuiste creado. Abajo en el
sótano, los barriles de dulces manzanas,
cogidas del árbol en su momento álgido, se pudrieron
y descompusieron y por delante de la puerta del
sótano el arroyo corría y corría, y algo
no te fue dado, o algo te fue
robado, algo con lo que naciste, y hoy
incluso a tus 30 y 40 años te llevas
la oleosa medicina a tus labios
cada noche, ponzoña para ayudarte
a caer inconsciente. Siempre pensé que
la clave fue lo que nos hiciste
de adulto pero luego recordé a aquel niño
siendo moldeado frente al fuego, los
diminutos huesos de su alma
retorcidos y fracturados, los pequeños
tendones sujetando el corazón
partidos en dos. Y lo que ellos te hicieron
tú no me lo hiciste. Cuando ahora te amo,
me gusta pensar que estoy dando mi amor
directamente a ese chico de la habitación tórrida
como si ese amor pudiese alcanzarlo a tiempo.

                                                                                                                                             Sharon Olds

Viajar

Gloria
Viajar es marcharse de casa,
es dejar los amigos
es intentar volar
volar conociendo otras ramas
recorriendo caminos
es intentar cambiar.

Viajar es vestirse de loco
es decir “no me importa”
es querer regresar.
Regresar valorando lo poco
saboreando una copa,
es desear empezar.

Viajar es sentirse poeta,
es escribir una carta,
es querer abrazar.
Abrazar al llegar a una puerta
añorando la calma
es dejarse besar.

Viajar es volverse mundano
es conocer otra gente
es volver a empezar.
Empezar extendiendo la mano,
aprendiendo del fuerte,
es sentir soledad.

Viajar es marcharse de casa,
es vestirse de loco
diciendo todo y nada con una postal,
Es dormir en otra cama,
sentir que el tiempo es corto,
viajar es regresar.

                                                                                                                 Gabriel Garcia Márquez

Tribu



Los poetas, las putas, los mendigos, los que conocen el mester del alba y saben cosas inútiles que salvan, la línea del abismo, el gesto, las rayas de la mano. Caridad y sabiduría, una misma limosna, un mismo dedal lleno de arañas.

                                                                                                                                      Juan Carlos Mestre

Viejo, ¿está el joven ahí?

 
                       Viejo, ¿está el joven ahí?
                       Bajo la piel, sí, por aquí debajo.
                       Viejo, ¿en qué barrio?
                       En la sangre, cretino, en la sangre.
                       ¿Y qué sueña, viejo qué sueña?
                       Mujeres de fresa y nata. 
                       Si te habla, ¿qué dice?
                       Ama hasta la medianoche, hasta el alba, hasta que llegue el día.
                       Oigo su joven tarareo, ¿qué canta?
                       La vida merece la pena y la mujer es lo máximo.
                       Viejo, ¿qué está buscando y dónde?
                       El camino hacia mañana y el umbral de la semana que viene.
                       Entonces, viejo, ni estás muerto ni enterrado en el barro.
                       Eso es, al menos, mientras el joven disfrute de un día más aquí.
                       ¿Y no se agobia el joven encerrado en tu piel?
                       Da vueltas mientras duermo. No le gusta. 
                       Así que camináis como si fueseis uno. Pero tu rostro
                       muestra a ese joven que escondes en un lugar bien iluminado.
                       Prisionero y guardián, sombras gemelas que van a dormir juntas.
                       Cuando amanece, has olvidado que eres viejo.
                       Estás en plena forma. Y tu antiguo fantasma
                       es carne marchitada, y la que vistes
                       es un traje de estreno que pretendes quedarte.
                       Entonces te despiertas, y te vuelves.

                                                                                                                   Ray Bradbury

Espantapájaros

Gloria


 No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de soportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible
- no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
"¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando.

                                                                                                                                   Oliverio Girondo

lunes, 21 de octubre de 2013

Sobre salvajes

 
Los pemones de la Gran Sabana llaman al rocí­o
Chiriké-yeetakuú, que significa Saliva de las estrellas;
a las lágrimas Enú- parupué, que quiere decir Guarapo
de los Ojos, y al corazón Yewán-enapué: Semilla del
Vientre. Los waraos del delta del Orinoco
dicen Mejokoji (El Sol del Pecho) para nombrar al alma.
Para decir amigo dicen Ma-jokaraisa: Mi Otro Corazón
Y para decir olvidar dicen
Emonikitane, que quiere decir Perdonar.
Los muy tontos no saben lo que dicen
Para decir tierra dicen madre
Para decir madre dicen ternura
Para decir ternura dicen entrega

Tienen tal confusión de sentimientos
que con toda razón
las buenas gentes que somos
los llamamos salvajes.

                                                                                                                        Gustavo Pereira

Los perros románticos


En aquel tiempo yo tenía veinte años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar ni rezar
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.

Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar.

                                                    Roberto Bolaño

miércoles, 9 de octubre de 2013

Cómplices

 

                                                                                                                                                             para Cristina Morano

Las gatas buscan atalayas
desde las que contemplar el mundo.

Ellas dormitan sabiéndose a salvo;
yo me amurallo tras un libro.

Dice el poeta Rigo que la última
coraza es la lealtad.

Las hembras nos comprendemos:
el mundo es un peligro a nuestra disposición.

                                                                                Ana Pérez Cañamares (De Las sumas y los restos)


Gracias, Ana.

Soledad


El ojo traza en el techo blanco
una pequeña raya negra.
El techo asume la ilusión del ojo
y se vuelve negro.
La raya se borra entonces
y el ojo se cierra.

Así nace la soledad.

                                                                                                   Roberto Juarroz

domingo, 8 de septiembre de 2013

Extraño...

Hiromu Kira. The Thinker
Extraño a los boticarios y las droguerías, el tecleo de las máquinas de escribir, los paseos sin compras de los sábados, la honesta voluntad de los campanarios, los libreros furiosamente lectores a los que no quisiéramos distraer, los aromas específicos –por ejemplo el del primer sexo, el segundo anterior al primer beso, el regreso del padre desde el trabajo-, las cartas largas con posdata, los cambalaches, los abuelos vivos o sus relatos o sus ensueños, las pelotas de trapo y las de cuero, los perros sueltos, la búsqueda desenfrenada del amigo, los vendedores ambulantes, los lustra-botas, los trueques sin medida, los sonidos que se incorporan junto a nosotros los domingos por la mañana, la claridad del cielo, las ignorancias de todo tipo, el enigma de la desnudez, el almidón sobre la ropa, el arreglárselas como se pueda, el olor del libro abierto, el silencio horizontal de las tardes, las sillas en las puertas de las casas, la vecindad como exploración de nuevos mundos, el viaje como travesía, los carnavales desorganizados, la política como pasión amorosa, la experimentación del clima cuando la lluvia o el ardor ya eran irreparables, los condimentos del arroz con leche, la aventura de la huída, el horror a la tormenta, mi mano en la mano de mi madre, las visitas sin motivo ni conclusión, los anuncios que no intentan dominar el mundo, el mundo ancho y ajeno, los mapas en relieve, los cristales con sonido puro, la música o los libros que se descubrían sólo por las amistades, los cementerios ocultos, los senderos que nadie transita, los destinos imprevistos, el olor a carbón y a leña, la pérdida siniestra de un cuaderno, la infancia no interrumpida, la siesta de la casa y de las personas, los frascos de la droguería que no son antigüedades, ciertos viejos modales, el sueño en blanco y negro, el escuchar a los ancianos, la sábana dura, el color sepia, el primer sol sin protecciones, el barro de las calles, las angustias inconfesas, los dolores personales, la humedad severa, el ruido sanguíneo de las cañerías y los calefactores, la llamarada más roja que azul, los relojes grandes que roban unos segundos a los minutos, la muerte sin espectáculo, el secreto conservado, la exactitud de los peligros, el roce de los pies sobre la arena, el ruido del brazo de la púa apoyándose sobre el vinilo, los acordes inéditos, la invención de las mentiras, el paso de los niños de la escuela deteniendo el tráfico, las voces singulares ahora todas confundidas, la confesión del temor, el poder cavar agujeros, la televisión con cuatro canales, la radio como la voz de las paredes, el juego interminable y sin instrucciones, el tesoro de los altillos, la languidez sin propósito, la lectura con la luz debajo de la frazada, el ajedrez que sólo enseñan los tíos, el trompo errático, las medicinas amargas, el olor a colonia, el regresar de madrugada, las aventuras escuchadas en las peluquerías, las muñecas y muñecos de porcelana, el reflejo de los pasos contra los ladrillos mudos, las historias imposibles, buscarnos cuando hacía falta, llamarnos con los labios, pedir permiso para tocarnos, el patio desmedido de la escuela.

Extraño el tiempo que era otro, porque aún era de cada uno.

                                                                                                                                  Carlos Skliar

Publicado en su facebook 16.08.2013

Hablar con desconocidos


Christos' Wrapped Trees

¿Te has dado cuenta que los niños ya no son atolondrados, ni curiosos, ni siquiera niños? ¿Que los paisajes se han escondido detrás de las espaldas? ¿Que las palabras se alejan de los cuerpos como si fueran laberinto intransitable o una distancia aguda trazada por el filo de una espada? ¿Que todo está visible y comprendemos menos? ¿Que ya nadie se arrepiente ni siente la voz de su mirada? ¿Que hay más de dos muertos por cada nacimiento? ¿Que la risa procede de la burla y no de las entrañas? ¿Que el amor es ley pero ya no desorden de las almas? ¿Que a menos que me hables a los ojos no podré decirte nada cierto?


                                                                                                                            Carlos Skliar 

De Poesía breve. Sea breve, por favor

estás cansada

Ileana Radiana Olaru

Estás cansada
(yo creo)
del perpetuo enigma de vivir y sus afanes;
y yo también.

Ven conmigo, pues,
y partiremos muy lejos
(sólo tú y yo, ¿comprendes?).

Tú has jugado
(yo creo)
y has roto tus juguetes más queridos,
y ahora estás algo cansada;
cansada de las cosas que se rompen,
cansada, eso es todo.
Yo también.

Pero vengo con un sueño en mis ojos esta noche,
y llamo con una rosa
a la desolada verja de tu corazón.
¡Ábreme!
Que yo te mostraré lugares que nadie conoce
y, si tú quieres,
las perfectas regiones del Sueño.

¡Ah, ven conmigo!
yo te encenderé esa maravillosa burbuja, la luna,
que perenne flota.
Te cantaré la canción jacinto
de las probables estrellas,
y buscaré en las apacibles estepas del Sueño,
hasta encotrar la Flor Única,
que sustentará tu tierno corazón
mientras la luna se eleva desde el mar.

                                                e. e. cummings

Viajar


                                         "Viajar é levar o teu corpo onde teu espírito já está."

                                                                                                                      Marlus Novis

domingo, 25 de agosto de 2013

Ella


Andy
Viene despacio
       entra
tropieza con mi tos
con mi costumbre de dejar la nuca
en cualquier parte
       viene despacio
ordena mis silencios
desata las palabras necesarias
recibe la correspondencia de mis ojos
       viene despacio
a tender sus manteles de ternura
       viene despacio
apenas hecha humo para no despertarme
se abre paso entre vasos arrojados al día
        retratos de mujeres
noches de bronca y noches de ginebra
       viene despacio
con su enchape celeste subiéndose a mis mástiles
       viene despacio
       entra
se arrodilla al borde de mi alma
y junta los fragmentos de mi risa
después... se vuela azul como la tarde.
                                                                                               Jorge Boccanera





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A girl


Arlie


El árbol ha entrado en mis manos,
La savia ha ascendido por mis brazos,
El árbol ha crecido en mi pecho-
Hacia abajo,
Las ramas crecen fuera de mí, como brazos.

Árbol eres tú,
Musgo eres tú,
Eres violetas con viento sobre ellas.
Una niña -tan alta- eres tú,
Y todo esto es locura para el mundo.

                                                                                            Ezra Pound
Traducción de Juan Carlos Villavicencio y Miguel Muñoz

Ilovephoto

El lobo es un poeta


DDIArte
La palabra lobo no muerde
El que muerde es el lobo

La Palabra no muerde
El que muerde es el poeta.

                                 Mario Trejo

Amo este cambio perpetuo

Antoni Socias

Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
           sería de piedra.

                                                                                                        José Emilio Pacheco

Gracias, Preferiría no hacerlo

Simple


Una abertura entre las nubes. El contorno
azul de las montañas.
El amarillo oscuro de los campos.
El río negro. ¿Qué hago aquí,
solo y lleno de remordimientos?

Con toda tranquilidad sigo comiendo del tazón
de frambuesas. Si estuviera muerto,
me recordé a mí mismo, no las
estaría comiendo. No es tan simple.
Es así de simple.

                                                        Raymond Carver




Traducción de Juan Carlos Calvillo

Se sabe que el amor

Rommel
Se sabe que el amor supone su propia curvatura. Un ardor que no llega a ser tiempo antes de convertirse en ráfaga o en látigo o en desierto. Hay quien diga que jamás habrá derrota porque a lo sumo habrá que escabullirse hacia otro cuerpo. Sin embargo, se sabe que el amor es huésped de una lluvia por venir y de una caricia que tendrá por ritmo el universo precedente. Lo que no se sabe nunca, lo que nunca se sabrá, es por qué el amor sí, por qué el amor no.

                                                                                                 Carlos Skliar




I love photo/ Seabreve, por favor

domingo, 18 de agosto de 2013

Poema de despedida de la vida



Escribo, borro, escribo,
borro otra vez: y entonces
florece la amapola.
                                                                                                               Hokushi



Miguel Ángel Domínguez Prieto- Antología viva y confidente de la inspiración.

No existe el infinito

Outdooplay
No existe el infinito:
el infinito es la sorpresa de los límites.
Alguien constata su impotencia
y luego la prolonga más allá de la imagen, en la idea,
y nace el infinito.
El infinito es el dolor
de la razón que asalta nuestro cuerpo.
No existe el infinito, pero sí el instante:
abierto, atemporal, intenso, dilatado, sólido;
en él un gesto se hace eterno.
Un gesto es un trayecto y una trayectoria,
un estuario, un delta de cuerpos que confluyen,
más que trayecto un punto, un estallido,
un gesto no es inicio ni término de nada,
no hay voluntad en el gesto, sino impacto;
un gesto no se hace: acontece.
Y cuando algo acontece no hay escapatoria:
toda mirada tiene lugar en el destello,
toda voz es un signo, toda palabra forma
parte del mismo texto.

                                                                                                 Chantal Maillard

Ternura



Lo que más breve sea:
la paloma, la flor,
la luna en las pupilas;
lo que tenga la nota más suave:
el ala con la rosa,
los ojos de la estrella;
lo tierno, lo sencillo,
lo que al mirarse tiembla,
lo que se toca y salva
como salvan los ángeles,
como salva el verano
a las almas impuras;
lo que nos da ventura e igualdad
y hace que nuestra vida
tenga el mismo sabor
del cielo y la montaña.
Eso que si se besa purifica.
Eso, amiga: tus manos.

                                               Efraín Huerta

domingo, 11 de agosto de 2013

Mi destino


Laurent Chehere

Como el zorro
huyo con los perseguidos
y si no soy
el hombre más feliz
de la tierra
soy seguro el
hombre más afortunado
vivo.

                                Charles Bukowski


Traducción de Ciro Arbós

martes, 6 de agosto de 2013

Tatuar

Erik Johansson      
Escribir es ir hacia la herida para curarla con veneno.
Los dioses lamen poemas y escupen oraciones.
Cuando no escribí encontré mi reflejo en el ojo ciego
de un caballo. Mi madre no ve las frases que tatué
en su vientre.

                                                           Natalia Litvinova - Todo ajeno 

La sonrisa


Sosano
Creo que fue la sonrisa,
la sonrisa fue quien abrió la puerta.
Era una sonrisa con mucha luz
allá dentro, apetecía
entrar en ella, quitarse la ropa, quedarse
desnudo dentro de aquella sonrisa.
Correr, navegar, morir en aquella sonrisa.

                                                                                                                Eugénio de Andrade

Gracias a Mi manera de estar solo


Polen


oscarrdez.blogspot

¿Qué hago con mi vida? Espero.
Cuando sople el viento dejaré las raíces para hacer
el camino del polen.

                                                               Natalia Litvinova

domingo, 4 de agosto de 2013

Haciendo veneno





Cuando tenía cinco años, mi hermano y yo hicimos veneno. Por entonces vivíamos en una ciudad, pero probablemente habríamos hecho el veneno de todos modos. Lo guardábamos en un bote de pintura debajo de la casa de algún vecino y en él echamos todas las cosas venenosas que se nos ocurrieron: setas no comestibles, ratones muertos, bayas de serbal, que a lo mejor no eran venenosas, pero que lo parecían, pis que guardábamos para añadirlo al bote de pintura. Para cuando se llenó el bote, todo lo que contenía era muy venenoso.
Lo malo era que, ya que habíamos hecho el veneno, no podíamos li- mitarnos a dejarlo allí. Teníamos que hacer algo con él. No queríamos ponérselo a nadie en la comida, pero deseábamos un propósito, una realización. No había nadie a quien odiásemos tanto, ese era el problema.
No recuerdo qué hicimos al final con el veneno. ¿Lo dejamos bajo la esquina de la casa, que estaba hecha de madera y era de un color amarillo parduzco? ¿Se lo echamos a alguien encima, a algún niño inofensivo? Seguro que no nos atrevimos con un adulto. ¿Es esta imagen que conservo verdadera, una carita surcada de lágrimas y bayas rojas, la súbita conciencia de que al final el veneno sí que era venenoso? ¿O es que lo tiramos? ¿Recuerdo aquellas bayas rojas flotando cloaca abajo, hacia las alcantarillas? ¿Soy inocente?
Para empezar, ¿por qué hicimos el veneno? Recuerdo con qué júbilo lo removíamos y le añadíamos ingredientes, la sensación de magia y triunfo. Hacer veneno es tan divertido como preparar un pastel. A la gente le gusta hacer veneno. Si no entiendes esto, nunca entenderás nada.


                                                                                                                                                   Margaret Atwood

Diarios


Yahuda Edri collection


He estado en la cárcel, he hecho una huelga de hambre, he sufrido un divorcio, he asistido a un moribundo. Una vez fabriqué una bomba. Negocié con drogas. Me dejó una mujer, dejé a otra. Un día se incenció mi casa, me han robado, he padecido una inundación y una sequía, me he estrellado con un cohe. Fui amigo de alguien que murió asesinado y fue enterrado por los asesinos en su propio jardín. También conocí a un hombre que mató a otro hombre, y a uno que se ahorcó. Sólo es cuestión de edad. Todo esto me ha sucedido en una vida en general muy tranquila, pacífica, sin grandes sobresaltos.  

                                                                                                        Iñaki Uriarte - Diarios 1999 -2003

lunes, 29 de julio de 2013

La constancia elemental ante la puerta


© Noell S. Oszvald

LA CONSTANCIA ELEMENTAL ANTE LA PUERTA -adiós te dice la madre con pena tanta que tú podrías llorar sin darte cuenta-, y la abres al cielo, al tronco, a la copa del árbol, al sudor, al hambre del hombre con la luna, y al hambre hembra con el sol, a las nostalgias bajo la lluvia y al odio de la dulce leche cuando te piden el regreso, la sumisión, llorando.

"Y adiós y hasta nunca", dices, y cae aquel seno, el vientre, el poderoso abrazo de un desierto antiguo bosque, frondoso, que se pudre sabiamente.

                                                                                                  David González Lobo - Casa de fuego



 Gracias, Lobo amigo, por enviarme este libro hermoso. Tuyo.

viernes, 28 de junio de 2013

Por los bastardos

Do Ho Suh


Por los bastardos
por los sucios criados de la muerte
por los altivos adoradores del dios de las batallas
por los melancólicos por los hijos del hipo
por los engendrados en una noche de tentación
por los caritativos de las últimas migas
por los dulcísimos usureros de la verdad
por los embaucadores por los infinitos rastreros
por los cuerdos de la antigua locura
por los humildes por los mezquinos
por los ciegos
por todos los mal nacidos de la tierra
estás sólo presente en mi recuerdo.

                                                                                                            José Agustín Goytisolo


El retorno. Editorial Lumen

Al lado de los vivos

Leandro Elrich
Porque da miedo resbalar
porque aterra caer por la pendiente
como una sucia gota
                                 los maestros dijeron:
Cerrad cerrad las puertas. Apartad
esa muerte.

Y al lado de los vivos
vuestra ciudad de muertos levantó su muralla.

                                                                                                                 José Agustín Goytisolo


El retorno. Editorial Lumen

El desván


Fabrizia Milia

Su cerebro es un desván donde
se guardan cosas años y años.

De vez en cuando su cara aparece
en las ventanitas de junto al techo de la casa.

El rostro triste de una persona a la que encerraron
y se olvidaron de ella.


                                                                                                                      Raymond Carver



Un sendero nuevo a la cascada. Visor poesía. Traducc. Mariano Antolin Rato.

domingo, 23 de junio de 2013

Todos tienen algún objeto precioso que ofrecer

Hendrik Kerstens




Todos tienen algún objeto precioso que ofrecer:
un cuenco de agua negra en que mirarse,
la piel recién curtida de un leopardo,
un hijo o un potro amado por los vientos.
Pero ya nada tengo:
cuando quiero mostrar tu reflejo en mis manos
te pierdo, y otra noche infinita
comienza, pues al perderte ni siquiera yo
me pertenezco.
                                                                                                                              Chantal Maillard 





Hainuwele, 1990

sábado, 22 de junio de 2013

Ulises

Ron Mueck



                                                      A la playa de Ítaca
                                              me trajeron dormido,
                                              un cuerpo inerte sólo.
                                              Primero
                                              no me reconocieron
                                              y después nadie me preguntó
                                              nada.
                                              He matado a los pretendientes.
                                              Y más
                                              no tengo que navegar.
                                              No tengo que inventar.
                                              No tengo que inventarme.
                                              No tengo que ser
                                              otro.
                                              No tengo que ser.
                                              Ni siquiera yo
                                              sueño con Odisseo.
                                              Mi fuga
                                              a lo real
                                              se ha cumplido.
                           

                                                                                               Zhivka Baltadzhieva, Fuga a lo real




                        

Experiencia

Jason Taylor
La experiencia
consiste
en intentar que el pájaro regrese
desde el extremo opuesto de la noche
y pose su cansancio
sobre tu abierto pecho adolescente.
Lo tomas en las manos,
lo acaricias,
extraes de sus alas todo el viento
y mientras él se entrega
a lo innombrable,
tú te dejas volar.

Es fácil la experiencia.
Lo difícil
es dar con el momento
que te permita asesinar al pájaro
sin morir a su lado
de tristeza.

                                                         Osvaldo Pol

Mi manera de estar solo. Gracias, siempre, por acercarnos a tantas palabras necesarias.

domingo, 16 de junio de 2013

Giacometti



Hacia el medio del relato, una de las noches previas a la llegada del crudo invierno, el protagonista oye por casualidad el susurro de un hombre y una mujer en su desvalida choza.

"Ya no servimos para nada, dice la mujer, tú estás delgado y débil, en cuanto a mí, me languidecen los pechos y siento dolor en la médula de los huesos.
No dejaré de amar lo que queda de ti, dice él.
No se dijeron más. Sin duda se tendieron abrazados en el lecho para tener en las manos su única dicha".
No dejaré de amar lo que queda de ti.
                                                                                    Esa belleza. John Berger / Mark Trivier

(Aprovechando las exposiciones de Giacometti, no está mal leerse esta belleza)



Esa belleza. John Berger / Mark Trivier. Bartleby Editores. Traducción y prólogo Jaime Priede

Con el resultado del análisis de pulmón en el Hospital Oncológico

alejandromartinezvelez. blogspot.com
Estoy acurrucado al borde de la cama como un animalillo.
Ya no podré escribir más poemas.

                                                                                                                         Pinjas Sadé


Gracias a Oski, que siempre trae regalitos de estos bajo el brazo

Todo ajeno


Él viene a mi casa pero no sabe que no es mía.
Le parece extraño este polvo
y los capullos muertos entre flores frescas.
Roza los muebles y mira al gato que está detrás de la ventana.
Cree que vive conmigo. Lo ve desear la luz que cae sobre este piso.
El nombre del gato es gato. Ajeno como todo lo que es mío.
¿Cómo explicarle esto? La intimidad se fuga con las palabras.

                                                                                                                           Natalia Litvinova


Todo ajeno. Vaso roto Poesía.

Alas II

Igor Mitoraj -

                                                                                     Kafka escribe
     Y él es un búho
es un búho, «hombre», tatuado en el sobaco
bajo el ala rota
(aturdido por la luz cayó aquí mismo)
bajo el ala rota de inmensa sombra que se agita sobre el suelo.

     Un hombre de impotentes plumas.



                                                                                                                               Ted Hughes 


Versión de Jesús Pardo
Antología poética Plaza & Janés, S.A., Editores 1971

Quiero más vida


Jannis Kounellis

Quiero más vida para encontrarte, más exilio.
Si mi corazón fuera ligero, lo lanzaría sobre cada abeja.

Quiero más corazón para poder llegar al tronco de una palmera,
y si mi vida me perteneciera, te esperaría detrás del cristal de la ausencia.

Quiero más canciones para llevar un millón y unas puertas,
levantarlas cual jaima en dirección al país y vivir en una frase.

Quiero más damas para conocer el último beso
y la primera muerte bella sobre un puñal empapado del vino de las nubes.

Quiero más vida para que mi corazón conozca a los suyos
y para poder volver a una hora de tierra.


                                                                                                                                  Mahmud Darwish



Gracias a Mi manera de estar solo

Terminal


Sé que voy a morir antes del próximo invierno. Pero he sembrado las patatas, el trigo y las cebollas. Sigo dando de comer a las gallinas y a los cerdos, aunque sé que voy a morir antes de las heladas.
Limpio meticulosamente la casa y los corrales. Me levanto y me acuesto cada día a mi hora. Sigo haciendo la comida y el café. Me limpio los dientes después de las comidas. Sigo leyendo el periódico y cosiendo la ropa. He comenzado una bufanda y unos calcetines para el próximo otoño.
Salgo a la calle a hablar con los vecinos. Estoy pintando la fachada de la casa y las paredes de la casa. Me tomo las medicinas que me ha mandado el médico. Persevero en el rezo de mis oraciones.
He reanudado una amistad que tenía perdida. Canto de vez en cuando. Lloro de vez en cuando. He plantado las flores de mi tumba.
Todavía me enfado con mis hijos si no han hecho los deberes. De vez en cuando voy a la peluquería y una vez al mes voy a mirar zapatos.
He contratado un viaje a la ciudad de Viena y un entierro sencillo. Tengo mi cama preparada y la ropa que me pondrá el amigo que he recuperado.
Cada noche, pienso en las cosas que aún no he podido hacer y, si recuerdo algo, lo hago al día siguiente.
Creo que cuando lleguen los azules momentos del invierno, estaré todavía trabajando.

                  
                                                                                                               Isla Correyero Diario de una enfermera (1996)