Mostrando entradas con la etiqueta Rafael Pérez Estrada. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rafael Pérez Estrada. Mostrar todas las entradas

domingo, 17 de marzo de 2013

Ballena mínima


En el orden del miniaturismo animal brilla por su pequeñez la llamada ballena de los Sargazos. Su color tiene la claridad, la inquietante luminiscencia de la olivina, y su fumarola la transforma a ojos de un raro observador en un nenúfar gaseoso. La leyenda le ha fabricado un origen mítico, y dice que en el primer día fue una muchacha alada, casi un ángel que huyendo de un arquero rijoso ocultó su gracia en el laberinto de lo vegetal oceánico; y así también, que su tamaño es solo una defensa, una fuga ante un enamorado tenaz.  Y añade que las sirenas, celosas de su hermosura, obligaron a los dioses a que las convirtieran en un vulgar mamífero. Mas aun así, los navegantes que le han dado caza celebran su poder amatorio y cantan la belleza única de sus pechos de niña.

                          Esto dice al menos Rafael Pérez Estrada en su Cosmología Esencial.

Hoy es domingo y hay nubes, pero los almendros del Retiro han brotado como si no les pesaran los recuerdos.
Y, más arriba de las nubes, está el cielo azul.
Y más arriba una lunita está creciendo para nosotros.

domingo, 5 de febrero de 2012

Vuelos


De niña, sostuvo la agonía de un pájaro en su mano.
Muerta el ave, en los dedos siguió sintiendo el corazón del animal en el alado unirse con la nada.
Algunas tardes, en las luces más tenues de la ancianidad (aquellas que ni siquiera trazan sombras), abría las ventanas esperando un vuelo inalcanzable. 

                                                                                                    Rafael Pérez Estrada - Cosmogonía esencial





DVD poesía, 2000

domingo, 29 de enero de 2012

Vuelos

Nadeshiko Kikyo

Guardaban, como si fuera un producto de contrabando, una estrella fugaz en una caja de zapatos, similar a las que se usan para criar gusanos de seda en sus días más tiernos. Aquella estrella había entrado, por error, en la casa un atardecer asfixiante de julio. A veces, cerraban las ventanas, los balcones, cubrían las rendijas con algodón, echaban las cortinas, y al cabo, la oscuridad fingía ser una noche cualquiera. Entonces, la soltaban para que diera vueltas por la casa; y los niños (no había televisión en aquel tiempo) aplaudían como se aplaude en el circo al tigre que devora a un domador odioso; y decían, celebrando su luz: Es más brillante aun que una luciérnaga de esas que sólo se ven en las películas de cine americano. Y volvían a aplaudir felices.

                       
                                                                                                              Rafael Pérez Estrada - Cosmología esencial

DVD Poesía